DOS TIEMPOS
No se ve, en estos versos,
la mano que los traza,
ni esta pieza, cobijo
de mates y lecturas.
No se sabe a qué hora
los escribí, ni el modo
en que callaba, ni
qué música se oía.
Palabras, nada más:
una voz que te dice,
en medio de la noche
de dolor en que estamos,
cosas de un indolente
que evita las costumbres
de los que vociferan.
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